lunes, 21 de noviembre de 2016

Tan fuerte, tan cerca: David Foster Wallace se encuentra con Kurt Vonnegut

Título del libro: Tan fuerte, tan cerca
Autor: Jonathan Safran Foer
Editorial: Lumen
Características especiales: tapa dura, fotos en blanco y negro y algunas páginas a color.
Páginas: 456
Precio: $20.000 (USD 6,32)
Lugar de la compra: Librería Acuario, calle 18#6-40



De Jonathan Safran Foer sabía dos cosas antes de leer este libro: una, que algunos lo consideran el más joven de los herederos de mi ídolo literario, David Foster Wallace. La otra, que había escrito Comer animales, un libro de no ficción destinado a convencer al gran público de no consumir carne industrializada (que leí y compré por los mismos 20 mil pesitos y que no me convenció de unirme al ejército de los veganos). Así que cuando vi Tan fuerte, tan cerca (su segunda novela, escrita en 2005) compartiendo espacio con otros libros en la sección de 20 mil pesos de la librería Acuario, a la que voy cada cierto tiempo en busca de alguna ganga, no dudé en comprarlo. Y cuando terminé de leerlo, solo tres días después, no dudé en empezar este blog, que tenía en mente desde hace tanto tiempo: un espacio para reseñar pequeñas joyas literarias escondidas en las librerías de descuentos.

Si tuviera que definir este libro con una sola palabra, diría que es, ante todo, conmovedor. Pero sería una respuesta rápida. La verdad es que el libro es eso y mucho más. También es, por ejemplo, una novela muy bien estructurada y una suma de buenas decisiones del autor para contar de una manera original un hecho que vieron en vivo y en directo miles de millones de personas. Dice la contraportada que se trata de "la primera recreación literaria del atentado a las torres gemelas", lo cual es una mierda que se diga en la contraportada, pues imagino que la emoción de descubrir este hecho por uno mismo se habría sumado a las muchas otras que ofrece este libro al leerlo. (1) (2)

El narrador principal es Oskar Schell, un niño de 9 años. Esto, le dicen a uno cuando le enseñan a escribir, es un peligro que debe ser evitado a toda costa, a menos que sea absolutamente necesario. Porque se supone que los niños no tienen un léxico suficiente para cargar con el peso de una novela y uno no los puede poner a hablar como adultos. Pero Oskar Schell habla como adulto y sabe cosas que millones de adultos ignoran y se hace preguntas filosóficas que otros millones de adultos no se hacen. Oskar (hablando por Safran) se excusa a veces de estos deslices alegando que fue algo que leyó. Porque se trata, además, de un niño al que le encanta leer (su libro preferido es La historia del tiempo, de Stephen Hawking) y también escribir, en especial cartas. Así que cuando se comporta como adulto es verosímil. Pero cuando actúa como niño es absolutamente conmovedor. Tal vez porque se trata de un niño que acaba de perder a su padre y quiere saber cómo fue su muerte. Otro tema delicado, que en manos de cualquier escritor podría fácilmente caer en el sentimentalismo, pero que Safran logra sacar adelante con maestría a lo largo de toda la novela.

Este narrador, profundo y a la vez ignorante de cómo funciona el mundo, recuerda al de las novelas de Kurt Vonnegut, pero siendo un niño está despojado de esa extraña impasibilidad de los narradores del autor de Matadero 5, novela de la cual Safran recupera ciertos temas, símbolos y herramientas literarias, en un homenaje no muy velado.

He dicho que Oskar es aficionado a escribir cartas. Bueno, es que las cartas también juegan un papel importante en esta historia. Safran hace uso de esta herramienta para que nos enteremos de las cosas que Oskar no puede saber, en especial de la historia de amor de sus abuelos, llena de vacíos, silencios, secretos y dificultades, y cruzada, como todo en esta novela, por la guerra y la muerte. Así que sí, se trata también, en gran medida, de una novela epistolar. En pleno siglo XXI. Cosas de esa actitud de lograr un posmodernismo literario digerible, y que tal vez sea la herencia Wallaciana que le ven los críticos, a la que se suman fotos insertadas en diferentes partes del libro, páginas en blanco, páginas con una sola frase, páginas imposibles de leer, páginas con códigos encriptados y tres páginas con las pruebas a color de una tienda de esferos que además sirven como detonante de la historia.

De esta manera, Safran ofrece una polifonía que es a la vez descarnada, desencantada, desconcertante y esperanzadora, que nos lleva a través de pequeños misterios del pasado y del presente que se suman al principal, con giros que nos sorprenden a cada tanto, como en una buena novela negra, y cuya resolución no es satisfactoria, como corresponde a la buena literatura, dándonos una dimensión de un hecho trágico, en este caso los atentados del 11 de septiembre, con la fuerza que solo puede lograrse a través de la ficción.


(1). Aprovecho para pedir perdón por haber hecho lo mismo que la editorial. Pero tenía que decirlo.
(2). Por eso es que nunca se deben leer las contraportadas.

P.S.: Leyendo en internet sobre este libro, encontré que hicieron la película en 2011. Está protagonizada por el insufrible Tom Hanks, tiene una calificación de 6.9 en imbd y prometo no verla nunca.